“Bodies”… la invitación a ver

enero 29, 2009 at 7:53 pm Deja un comentario

Por Mayra Rivera Rivera

jueves, 29 de enero de 2009 

“Ver es conocer”

Dudo que la exhibición de Bodies hubiese sido tan visitada sin el poderoso atractivo de su invitación a ver. Una invitación que se justifica en el principio indiscutible de que ver, después de todo, es conocer. Un principio de ciencia.

Es que históricamente la vista ha sido, literal y metafóricamente, el sentido privilegiado por el proceder científico. Las tecnologías de visibilización – desde microscopios, máquinas de rayos-X y de CT-scans, hasta las tecnologías generadoras de modelos de fenómenos invisibles de escala molecular – se han convertido, por su parte, en emblema de los progresos de la ciencia. La ciencia se precia de hacernos ver aún las cosas más improbables.

Una mala reflexión sobre el proceder científico nos puede llevar así a asumir una especie de ‘incuestionabilidad’ de lo literal. Y por consecuencia, a asumir, sin cuestionamientos, la literalidad de la autoridad científica. Imagino que esto tiene mucho que ver con la tan amplia aceptación de la exhibición de Bodies por el público puertorriqueño, donde la exhibición, distinto a otros lugares en los que se ha presentado, pareció generar muy poca o ninguna controversia pública.

Algún tipo de reacción debe haber causado, no obstante, la delicadeza del trabajo estético en los “especímenes” presentados. Para algunos críticos, éste ha sido justamente, el blanco: ¿Cómo es posible que una exhibición que pretende presentarse como un instrumento educativo científico revele tan evidentemente el soplo del arte – de una intención estética?

“Ver para creer”

El error, quizás, está en creer que el arte contradice el trabajo científico. La relación histórica entre las ciencias – en particular las ciencias de la vida – y las artes, ha sido muy estrecha. La anatomía, especialmente, no sólo dependía de la presencia de dibujantes que supieran registrar gráficamente lo que se revelaba en las salas de anatomía, sino que la disciplina misma detonó una serie de artistas que encontraron en la anatomía una fuente de inspiración y trabajo artístico. Más allá que una mera coincidencia histórica esto es una metáfora viva: la ciencia, en todas sus disciplinas, depende fundamentalmente de técnicas de representación – de hacer inteligible lo que comúnmente no ‘vemos’.

Y esto ocurre también más allá del plano literal. No sólo se hacen inteligibles objetos o fuerzas, sino que hablamos, de lleno, de las teorías científicas: los relatos que incorporan y dan sentido de relación a la diversidad de fenómenos que se registran en el quehacer científico. Como sostendría David Bohm, uno de los colaboradores de Albert Einstein, una teoría científica no es otra cosa que “una forma de mirar el mundo.” La peor equivocación, insiste él, está en creer que un modo específico de ver el mundo es la verdad.

Eso sí nos ayuda a reconocer la exhibición de Bodies: que el conocimiento es, siempre, una postura. Cada espécimen está expuesto para proporcionar una visibilidad específica. Un cuerpo entero, en posición de rescate de una bola de voleibol, desmantela los músculos de la espalda para dejarnos ver la columna vertebral con el cordón espinal; un montaje de dos cuerpos combinados, uno en músculos y otro en esqueleto, alude a la complementaridad de ambos sistemas. Una exhibición del sistema digestivo deshila los intestinos en toda su largura para poder apreciar su extensión. O miramos de frente un cuerpo mitad entero, con los ojos cerrados de pena, mitad revelado en sorpresa, sin piel. Aquí, frente a los cuerpos, todo es posición. …O si no preguntémonos por los cientos de personas que se codean, día tras día, por espacio y ángulo de vista frente a las vitrinas. Pero también hay algo más sutil en estos cuerpos. Ellos, y todos los especímenes de la exhibición, nos recuerdan cuán poderosamente fundamentada está nuestra fe en el conocimiento científico en nuestras intuiciones de lo bello, lo inteligible, lo ‘balanceado’ y lo funcional. Con todo el poder de su presencia, nos recuerdan que el conocimiento se produce con los sentidos; que el conocimiento tiene su estética.

Cuando “vemos”, entonces, tampoco podemos dejar de sentir. Ni de preguntarnos lo que no nos invitaron a preguntar. Eso es normal. Para la ciencia y para el arte. Y para todas las demás disciplinas – o indisciplinas. ¿Visitaríamos la exhibición con menos serenidad si la “raza” de los cuerpos fuera menos evidente? ¿Y si pudiéramos reconocerlos como cuerpos de puertorriqueñas/os?

¿Cuánto le dolió la muerte al hombre que nos mira, casi al final, cortado en tres? ¿Cómo murió la persona cuya mano se exhibe al principio? ¿Qué pasó con el resto de su cuerpo? ¿Por qué? ¿Habrán sido deportistas, verdaderamente, los hombres dueños de los cuerpos jóvenes que así se exhiben? ¿O es ése el mejor eufemismo que se pudieron inventar los plastinadores para resignificar unos cuerpos llenos de trabajo y de intemperie? ¿Hubiéramos querido ver más mujeres en la exhibición – representando algo más que tumores y sistemas reproductores? ¿Qué de nosotros buscamos cuando miramos estos cuerpos?  ¿De qué nos distanciamos?

Esto no nos lo venden con la taquilla de $21.00, pero hay que saberlo: para que ‘ver sea conocer’, hay que saber engatusar la literalidad de los cuerpos. Hay que asumir responsabilidad por las preguntas. De alguna forma.

Epígrafe

Una pregunta más surgió algunas semanas después de esta intervención: ¿Está prohibida la visibilidad de estos cuerpos para alguien(es)? Estuve por varias semanas en seguimiento a una solicitud de donación de boletos para un pequeño grupo de residentes de un hogar de mujeres. La solicitud fue finalmente denegada a razón de que otros grupos comunitarios ya habían asistido a la exhibición, pero pagando su boleto. Me dijeron esto justo al frente de la interminable fila de estudiantes que se formaba en la exhibición todos los días. No quiero que me digan cuánto genera la exhibición a diario. Me puedo imaginar lo que se pierden las que no la pudieron ver.

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