Presentación de Cuerpo y cultura: Las músicas ¨mulatas¨ y la subversión del baile de Ángel G. ¨Chuco¨ Quintero

abril 13, 2010 at 11:03 am 1 comentario

Presentación de Cuerpo y cultura: Las músicas ¨mulatas¨ y la subversión del baile de Ángel G. ¨Chuco¨ Quintero

*(texto presentado como parte de conversatorio en torno al libro Cuerpo y Cultura, llevado a cabo el 11 de marzo de 2010 en la Librería La Tertulia, con la participación de José Jorge de Carvalho, Noel Allende, Mayra Rivera y Ángel Quintero. Vea el conversatorio completo en: http://www.ustream.tv/recorded/5368975)

Mayra Rivera Rivera

Toda postura de mundo o modo de saber o conocer – como toda música, baile y lenguaje – tiene sus silencios. No hay música sin pausas, oraciones sin puntos de descanso; ni saberes sin una intuición (confesa o no) de sus propios límites y vacíos. Estos vacíos son a veces armoniosos, pero en otras ocasiones, contienen el susto que generan en nosotros las discontinuidades de nuestras propias seguridades. El susto de la presencia de lo que no alcanzamos a entender de nosotros mismos.

Hay una imagen que se usa con frecuencia para hablar del susto: ¨se me salió el alma del cuerpo¨. En las caricaturas que veía cuando niña, la imagen del lobo feroz que cuando se encuentra con el inspector Droopy, se multiplica en fantasmas que se le salen del cuerpo. El susto, es entonces, un momento en que se separa el cuerpo de la mente o alma. O sea, que cuando Descartes, consolidando la tradición judeo-cristiana, propuso la división fundamental entre cuerpo y mente que daría forma a los conocimientos especializados de los siglos subsiguientes y a nuestras universidades, estaba proponiendo una epistemología del susto.

II.

El libro Cuerpo y cultura de Ángel ¨Chuco¨ Quintero, se inserta, en términos filosóficos, en una larga tradición de rescate de los vacíos que ha producido esta mirada occidental moderna al asumir la separación fundamental entre cuerpo y mente e identificar a esta última como asiento del saber y la cultura.

Este tipo de respuesta, en la que se estudia al cuerpo como espacio de memoria histórica, de creación cultural y de ordenamiento social, se ha convertido en una herramienta de gran importancia para los movimientos feministas, descolonizadores y poscoloniales, entre otros, los cuales, al abordar fenómenos sociales vinculados al cuerpo, tales como raza, género o ¨patologías¨, han producido un espacio de auto-explicación que ha permitido diversas articulaciones políticas.

Y sin embargo, hay algo peculiar en muchos de estos trabajos. Al tomarse como objeto de estudio académico, el cuerpo debe hacerse inteligible a la ¨mente¨; o sea, debe adaptarse a su lenguaje y a los modos conscientes y verbalizables de entender el mundo. Así, el cuerpo puede hablar si y sólo si se deja colonizar.

Cuando el Dr. Quintero ve, entonces, la necesidad de escribir un libro que adopte en su forma y organización la estructura misma del baile (paseo, merengue y jaleo, con su ritmo escrito sincopado y de contratiempos), él apunta a algo que va mucho más allá de asumir el cuerpo como objeto de estudio. Se trata de abrir espacio para que los saberes, no verbalizables y probablemente inconscientes, acumulados en ese sustrato de experiencia y significado que llamamos cuerpo, hablen como sujetos de conocimiento. No es hablar del baile; es hablar desde el baile. Es la diferencia entre la comprensión teórica de los tiempos y silencios que componen la clave y la incorporación cuerpo-mente que provoca escuchar o sentir la clave.

No es casualidad, como elabora Quintero, que los grandes desarrollos musicales americanos se puedan historizar en torno a instancias de intensa búsqueda de organización social e histórica. Son éstos los momentos en que, con más franqueza, dejamos hablar a las múltiples voces que nos habitan. Quizás, porque no nos queda otro remedio.

El baile y la música se convierten entonces en rituales de ordenamiento y transformación. Son los espacios desde los cuales conjuramos el susto. Y conjuramos el susto porque en esos momentos dejamos que cuerpo, mente y alma nos habiten simultáneamente. Éstos son los momentos, entonces, en que se presenta nuestro espíritu, materialización corpórea de lo abstracto que nos compone (y qué es el arte sin espíritu). El baile y la música son también las ocasiones en que, en nuestras híbridas religiosidades, nos presentamos a los espíritus.

No por azar el baile y la música, vehículos rituales por excelencia, son tan afines a nuestras experiencias americanas. Éstas reconocen el poder productivo y creativo (el bio-poder, pero mejor definido) de la presencia convergente de mente y cuerpo. Desde las Américas mulatas y mestizas se vive la continua transformación corporal-material de lo sutil (si consideramos, por ejemplo, nuestro modo de andar como materialización de nuestra postura de mundo), a la vez que la sublimación del cuerpo (si entendemos la especificidad de nuestra presencia física como generadora de modos particulares de entender el mundo).

III.

Entonces, más que ¨subversión¨ o ¨resistencia¨, las músicas y bailes ¨mulatos¨ son la expresión polifónica (¿politeísta?) de una espiritualidad que se toma en serio como fuerza epistemológica. Al incorporar cuerpo, mente y sus deslizamientos, música y baile forman parte de la ecología que nos ha hecho presentes como sujetos históricos y creativos, constituyendo importantes modos de saber y conocer. Son las posturas de vida que nos rescatan de los sustos de nuestras vidas americanas.

Quizás, algo así es a lo que se refiere Achille Mbembe, pensador poscolonial camerunés, cuando sostiene, con mucha fe, que un proceso fundamental e integral para nuestra recuperación de las violencias de las experiencias coloniales no se puede dar sin la restitución profunda de ¨la productividad poética de los sagrado¨. Lo sagrado, como el baile, como esa dimensión de la existencia y la experiencia humana que permite la conjugación de esas partes profundamente nuestras que han sido segregadas por la violencia. Lo sagrado como la dimensión de la experiencia que ofrece al cuerpo como significante y al significado sutil como material de vida.

Se trata, entonces, de un rescate epistemológico de nosotros mismos y de lo que ya somos como propuesta de mundo. (Quintero lo dice con mucha claridad: ya vive todo en una canción, en una síncopa, en un ritual de baile de barrio o de salón – las fuerzas históricas, los ingredientes culturales, la convergencia creativa de múltiples formas.) Y somos mulatos y mestizos de espíritu; colectividades que mandan, individuos que floreamos, material de síntesis de los elementos más diversos. Esto no son meras circunstancias de nuestra vida e historia. Se trata de nuestros modos profundos de vivir el mundo. Hablamos de la matriz y la materialización de los saberes que nos han hecho resonar a través del mundo.

Amerita, pues, que continuemos el cuidadoso estudio de nuestra vulnerabilidad histórica como experiencia de curación de la experiencia traumática de esa ¨cárcel de larga duración,¨ que es tanto producto de los ‘otros’ como de ‘nosotros’. Nos toca, desde las Américas, el proyecto de humanización de las epistemologías del susto que, aunque tambaleantes, todavía nos conducen. Ésta sería nuestra gran y esencial aportación a los espacios disciplinados del saber, más allá de nuestras fronteras.

El baile, con su complejidad de agencias, materiales e inmateriales, nos enseña a suspender la víctima que vive en nosotros. Y de su mano, nos conduce a esa ¨liberación¨ que buscamos de la obsesión colonizada y colonizadora con el sufrimiento propio. A la vez, nos regresa el espíritu como espacio donde la mente se hace cuerpo y donde el cuerpo se dimensiona como poema de nuestras historias, experiencias y sabidurías profundas. Como en la música y el baile, es el contacto entre cuerpos diversos lo que produce la vida.

Este proyecto de consolidación de la epistemología espiritual mulata, estoy convencida, es nuestra poderosa aportación a la sanación de los sustos del alma Occidental y de esa parte de nosotros que vive en ella.

No es casualidad, pues, que tengamos que dejar hablar a nuestras músicas y bailes ¨mulatos¨ y que produzcamos libros a son de salsa.

Vamo’ al mambo.

Descarga versión PDF: Presentación de Cuerpo y cultura

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Documentación Jueves de Río Piedras – Marzo 2010 Comparsa por Haití en el Festival Claridad

1 comentario Add your own

  • 1. glowingcasino.com/  |  julio 10, 2013 en 11:20 am

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