Omar Velázquez y los excedentes productivos.

noviembre 18, 2010 at 2:32 pm Deja un comentario

Omar Velázquez y los excedentes productivos.

Por: Abdiel Segarra

La velocidad y la rutina con la que regularmente vivimos y nos desplazamos por la ciudad, logran que nos cohibamos de observar detenidamente el discurso que se crea en esos espacios dónde trabajamos, vivimos, caminamos y compramos. Los excedentes que esa cotidianidad produce y el discurso que se genera en esos desechos nutren el trabajo de Omar Velázquez. Una cotidianidad irreflexiva, muchas veces acrítica que habita el día a día es uno de los elementos que da sentido a gran parte de su trabajo. ¿Es este cotidiano un marco impuesto con el debemos convivir? ¿Cómo un artista incide en su entorno y se mantiene vinculado a las problemáticas de su comunidad más inmediata?

Omar Velázquez es graduado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras con un Bachillerato en Bellas Artes de la Facultad de Humanidades. En su práctica, se vale mayormente de las técnicas de impresión manual que ofrece el  grabado, del dibujo y más recientemente de la pintura. Su trabajo gráfico en muchas ocasiones ha sido transformado en pasquines y partes de instalaciones donde también se vale de “basura” y materiales encontrados.

Al ver detenidamente su producción hallamos proyectos de intervención fuera de los espacios regularmente asignados para el arte (entiéndase galerías y museos) y también vemos lo contrario; intervenciones en galerías donde a través instalaciones genera espacios que asemejan a las casas improvisadas por personas sin hogar debajo de puentes o en estructura abandonadas. Con piezas hechas con cartón o materiales despachados trae a estos espacios, las formas y discursos que en su entorno original son evitados. En la pasada edición de la feria internacional de arte Circa, encontrábamos un tendedero del cual colgaban unos paños largos y barnizados que emulaban la forma del bacalao cuando se vende en las plazas. Sobre esos trapos habían imágenes de personas a cuerpo completo colgadas de sus hombros. Estas ilustraciones de individuos que no eran modelos ni figuras canónicas, eran personas de la barriada Blondet de Río Piedras, comunidad donde se encontraba el taller del artista. La pieza, titulada “Sala-son” hacía un paralelismo entre el folclórico mercado de alimentos y las tan de moda ferias de arte, dónde se venden piezas de arte tal cual se vende lo último que queda del bacalao en la plaza.

Recientemente tuvimos la oportunidad de compartir una conversación informal con Velázquez, donde discutíamos las ironías del mercado y la falta de criterio que funciona alrededor del mismo. Comentábamos sobre la función de su trabajo en las calle, y lo importante de que trabajos como el suyo no sólo aparezcan en galerías, sino que sigan poblando las paredes y las aceras de la ciudad como lo hacen sus pasquines e intervenciones. En ocasión de esta reflexión me tomaré el atrevimiento de ofrecer una lectura que compartimos sobre la instalación “Sala-son” recién descrita, la cual se presentó en la edición 2009 de la Feria Internacional de Arte Circa. – ¡A precio de pescao’ abombao’!; como cuando te quieren vender lo último que queda en el mercado. – Este paralelismo entre la plaza del mercado y la feria de arte, traer lo de “afuera” hacia “adentro”, esa instalación al igual que la presentada en Galería Guatíbiri en Río Piedras y la que se presentó en la Galería Luis Adelantado en Valencia, no sólo hacen una crítica bastante explicita y llena de ironía sobre la naturaleza excluyente y acrítica del mercado, sino que recrean ese “adentro” y ese “afuera”, proveyendo un espacio dónde lo excluido puede ser visto y reflexionado. Allí en ese afuera/adentro reaparecen en su obra, la “basura”, la almohada dura, el indigente, el “tecato” y las murallas de cartón que sobran de las mercancías recién puestas en las vitrinas de las tiendas. Estos elementos, vistos por fin inevitablemente en el primer plano de la vitrina, revaloran radicalmente los objetos que el capitalismo desecha a través de la construcción visible de contradicciones estéticas, dónde lo bello es lo feo y obviado, lo que normalmente tiene lugar fuera de la galería y el museo. Tal cuál Antoni Tapies y Alberto Burri hicieran a través de la propuesta informalista en Europa, Velázquez ahora desde Puerto Rico, le devuelve el valor a los desechos.

Como mencioné arriba, lo que es obviado en su entorno es traído al lugar dónde las cosas deben ser vistas. Casi en tono de protesta, Omar Velázquez nos presenta lo que la calle y la sociedad desecha dentro de la galería o en los bancos de la plaza pública. ¿Cómo hacer presentes a aquellos que han sido borrados o desaparecidos concientemente del organigrama social que se nos ha impuesto? El trabajo de Omar Velázquez no solo tiene un alto sentido de responsabilidad social y política sino que su proceso de producción está plagado de una honesta necesidad por formar parte de esos espacios y vidas relegadas. Omar no sólo se limita al desarrollo de su obra plástica, al igual que el artista y profesor José Luis Vargas, ha explorado otras dimensiones estéticas más cercanas a las que se experimentan cuando se da un servicio. Tanto Omar como José Luis, han servido de maestros y recursos en proyectos en organizaciones y escuelas dónde, a través de talleres, discusiones y ejercicios, comprometen su tiempo y su trabajo en una apuesta por generar experiencias estéticas en espacios menos controlados.

La capacidad de archivo, que refleja la colección de objetos que vinculan al artista con su entorno, evidencia una intención clara de mantenerse directamente relacionado con su contexto. Las cajas, las hojas de lotería, la sábana, e incluso los títulos, son puentes de trafico de información directa con un entrono que a nuestro ojos desaparece pero que el artista subraya y reubica para provocar un encuentro. Similar al trabajo de José Luis Vargas, cuando interviene maliciosamente sobre pinturas haitianas y nos presenta la “mutilación” de una obra (un documento) que a la vez nos señala la mutilación de Haití. Este joven artista en un registro similar al de Marcel Duchamp cuando presenta el urinal en el museo, reta el espacio de exhibición y sus políticas de legitimidad y funcionamiento.

Descarga versión PDF del texto: Omar Velázquez y los excedentes productivos – Abdiel Segarra

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