Cuerpo y discurso: aproximación a la producción cultural de las mujeresen la Cuba post-soviética

junio 5, 2011 at 7:22 pm Deja un comentario

Comentario a presentación

CUERPO Y DISCURSO: APROXIMACIÓN A LA
PRODUCCIÓN CULTURAL DE LAS MUJERES EN LA CUBA POST-SOVIÉTICA

Dra. Ana Belén Martín Sevillano

Mayra Rivera Rivera

17 de febrero de 2011

En su ponencia “Cuerpo y discurso: Aproximación a la producción cultural de las mujeres en la Cuba post-soviética,” la Dra. Martín Sevillano nos ofrece una mirada a un corpus de trabajo artístico femenino (más que feminista) gestado en Cuba o por artistas cubanas en un momento de intensa revisión de identidades colectivas. En este caso, es precisamente la crisis del proyecto de la Revolución cubana a partir de los años 90 lo que produce el contexto de cuestionamientos múltiples de las identidades que enmarcaron dicho proyecto de país. O quizás más adecuadamente, este contexto histórico permite evidenciar la pluralidad y diversidad de sujetos que siempre compusieron la materialidad detrás del llamado “hombre nuevo”. En un período histórico en que el cuerpo colectivo cubano pierde importantes referentes identitarios (económicos, políticos-ideológicos, simbólicos, etc.), se produce un conjunto de propuestas de cuerpos diversos que, desde su intimidad, emprenden un proyecto de re-visión de estos referentes. En esta ocasión, se trata específicamente de cuerpos sexuados y racializados, previamente abstraídos o excluidos del discurso revolucionario, sustentado sobre la presuposición de sujetos revolucionarios unívocos y homogéneos. Frente a la dificultad de articular visibilidad discursiva por medio de la organización o institucionalidad política, estos sujetos desencontrados en y con la institucionalidad revolucionaria, mujeres, optan por recomponerse desde los espacios de la producción artística y creativa.

CORPORALIDADES

En su recorrido a través de trabajos de artistas de diversos medios como Wendy Guerra, María Magdalena Campos Pons, Belkis Ayón, Consuelo Castañeda y Sara Gómez, entre otras, la Dra. Martín Sevillano identifica al género, la experiencia y la representación como tres focos alrededor de los cuales se puede organizar este corpus de proyectos de visibilización y reformulación de identidades individuales y colectivas. Quisiera hacer un comentario sobre estos tres términos y proponer algunas ideas al respecto.

El “cuerpo” se ha utilizado tradicionalmente como noción y espacio de contestación a las identidades y jerarquías identitarias producidas por los proyectos de la modernidad: de una parte, por ejemplo, la filosofía moderna, que se apoya sobre una distinción esencial entre cuerpo y mente, privilegiando a esta última y a sus capacidades de abstracción; y por otra, los proyectos de los estados modernos, con su presuposición teórica de un sujeto abstracto y universal como eje fundamental, que dista de las corporalidades raciales, sexuadas y socio-económicas, entre otras, que le dan materialidad en la práctica.

En este sentido, la producción artística femenina estudiada por la Dra. Martín Sevillano, sigue siendo, en parte, una contestación y contraste al proyecto moderno de la revolución – un proyecto tan racional y abstracto como las democracias representativas del siglo 20. En estos casos, también, el cuerpo se articula como respuesta a un discurso que tiende a la abstracción de las experiencias vividas en pos de proyectos “universales”.

Pero prefiero abundar sobre otras dimensiones que, me parece, ofrece el corpus de obras aquí discutido. Me refiero a unas dimensiones de intimidad e inmediatez – evidentes en el recurso a la representación de los cuerpos propios, o a técnicas directas o indirectas de autorretrato – que más que presentar al “cuerpo” como espacio de contestación y reclamo activista, lo articulan, con tranquilidad, como una contingencia que nos permite generar relaciones distintas con el poder y la visibilidad.

Quisiera aprovechar para notar que en este rescate específico del “cuerpo” hay dimensiones que me parece exceden las lecturas performáticas o constructivistas del cuerpo como espacio de lo político. En estas perspectivas tiende a enfatizarse una mirada al cuerpo como espacio de la representación, es decir, como superficie de inscripción y flujo de significantes que constituyen las diversas identidades de las/los sujetos con quienes se corresponden. Ésta es una mirada del cuerpo como superficie.

Pensar en trabajos como los de Belkis Ayón y Consuelo Castañeda (que se insertan, respectivamente, en la experiencia mitológica religiosa y la experiencia de las relaciones madre-hija, por ejemplo) no obstante, nos acerca a una textura inmediata de cuerpos vividos; individuados, pero también compartidos y experimentados en colectivo, cuerpos tri-dimensionales. Se trata de cuerpos cuyas experiencias, personales o históricas, le dan volumen. Es decir, más que cuerpos “re-presentados”, son cuerpos “presentes” o “presentados”. Esta inmediatez se literaliza con el recurso de estas artistas al autorretrato, o al uso de sus propios cuerpos o experiencia como material de creación en sus obras. Esta inmediatez es a la vez política y afectiva. O quizás es política porque es, precisamente, afectiva. La presencia de cuerpos inmediatos, tangibles y propios concretiza los espacios de visibilidad – concretiza sujetos – que al presentarse a sí mismos, prescinden de los mediadores de su subjetividad y de su poder (poder-hablar, poder-hacer, poder-ser). Es decir, para desconcierto de la mejor tradición democrática-parlamentaria, estos cuerpos prescinden de sus representantes.

Si hablara desde el “asombro estético” – ese momento de colapso de los espacios y tiempos “históricos” que produce el contacto con una inmediatez – que me producen varias de las obras citadas por la Dra. Martín Sevillano, diría que lo más político de estas obras es su énfasis en la recuperación de la experiencia y los cuerpos que la registran como formas vivas. Es decir, cuerpos que reorganizan los espacios de las relaciones esperadas de visibilidad, interpretación e interpelación al responder con materialidad y particularidad inmediata – con una presencia –  a las abstracciones de la representación. (De esta manera, sería injusto incluso denominar a este corpus de obras como “feminista”.) Pienso en vida, además, como esa fuerza corpórea, pero también estética, de inmediatez y presencia que al acercarnos a cuerpos particulares nos revela que lo concreto (viva el realismo socialista) es siempre una especificidad múltiple y una continuidad compleja.

Quisiera aprovechar ahora esta oportunidad de reflexión para poner en perspectiva los cuerpos de mujeres en el contexto puertorriqueño reciente. Una de las últimas etapas de la huelga universitaria en esta institución, la Universidad de Puerto Rico, fue definida por la presencia cotidiana de la policía estatal en los predios del Recinto. Esta intervención, tan ofensiva como resultó ser para la comunidad universitaria en general y habiendo suscitado desde sus inicios fuertes reacciones, parecía, no obstante para muchos, tener de alguna manera un carácter definitivo. Pero, más allá del poder de planificación de los organizadores de las demostraciones, sucedió una serie de eventos que, desde mi perspectiva y ciertamente al menos en coincidencia cronológica, precipitaron la retirada oficial del cuerpo policíaco del Recinto. Se trata de eventos que tuvieron todo que ver con cuerpos de mujeres. Me refiero, por una parte, a la ocasión del arresto de una estudiante en la que un miembro del cuerpo de la policía la agarró por los senos (fotos ampliamente publicadas) y, por otra, al asedio continuo, mediante comentarios, gestos o acciones a los cuerpos femeninos por parte de algunos miembros de la Uniformada.

Si bien la presencia de la policía en el Recinto ya constituía un motivo de movilización y disgusto, fueron estos eventos los que parecieron consolidar el reclamo de la salida de la policía del Recinto y la materialización de su salida. Bajo el lema “las tetas se respetan”, los cuerpos femeninos, en este caso, viabilizaron el rescate del espacio institucional y universitario. Pero antes de relatar esto como un evento de reivindicación femenina o de la politicidad de los cuerpos femeninos y de la experiencia de ser mujer, me gustaría utilizarlo como una oportunidad de mirada a la complejidad de los cuerpos individuales y colectivos que vivimos. Pues no sólo se trata de que el detonante de este desenlace político fuera una instancia sexuada y sexualizada, sino que el poder de esta coyuntura se dio, precisamente, por la convergencia de fuerzas diversas. El rescate del espacio universitario no solamente se potenció con una respuesta de reapropiación del poder decisional de mujeres frente al tratamiento de sus cuerpos como objetos sexuados, sino que ello fue también apoyado por el gesto masculino – y potencialmente “machista” – de protección de las mujeres del clan estudiantil. Fue precisamente ésta la fuerza materializadora de esta reacción. Y su fuerza política, en esta ocasión, tuvo menos que ver con un éxito representativo (en la abstracción y mediación de discursos sobre “fines comunes”, por ejemplo) que con las posibilidades de la presentación en el sentido aquí propuesto: del hacer presente cuerpos específicos y permitir su convergencia heterogénea en la materialidad vivida.

Me parece entonces muy provechosa la oportunidad que nos ofrece la Dra. Martín Sevillano de atender a la gestión de cuerpos experienciados, vividos e inmediatos como material de reinscripción de las sensibilidades de lo político mediante la reconstrucción de cuerpos colectivos que acojan la multiplicidad y complejidad de los cuerpos tangibles que los componen.

Al recuperar la experiencia vivida y la inmediatez de la presencia como espacios de gestión, propongo, nos acercamos también a la posibilidad de una “igualación de desigualdades” por medio del reconocimiento, no de alguna abstracción unitaria de “lo común” (que es el mito fundacional tanto del proyecto socialista como del democrático), sino precisamente, por medio de las posibilidades de concreción que produce el encuentro con lo diverso y lo múltiple. La posibilidad, por ejemplo, de que el feminismo y el machismo caribeño hayan laborado en conjunto para sacar a la policía de la universidad, o que género, raza y discurso hayan compuesto la Revolución, a pesar de sus discursos.

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“[…] un mapa no para la fuga sino para el reconocimiento de la situación desde las mediaciones y los sujetos, para cambiar el lugar desde el que se formulan las preguntas, para asumir los márgenes no como tema sino como enzima.” (Jesús Martín Barbero, “Oficio de Cartógrafo”)

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